viernes, 26 de octubre de 2007

Personajes urbanos

El otro día se cumplió un año de la última vez que lavé el auto. Por fuera es notable como algunas hojas de árboles que se fueron pegando en el techo hoy parecen pinturas rupestres. Para festejar el año sin jabón quise llevarlo al lavadero. Me pidieron $22 por lo que llamaron lavado "standard", $27 por el que llaman "tratamiento special" o más de $30 si quería encerarlo. Si te doy 30 mangos venime a encerar el edificio, pensé... di marcha atrás y me fui con mi mugre a otro lado. Llamé a un amigo más pulcro que yo y le dije lo que me habían querido cobrar, para ver si tenía algún lavadero más barato. Me dijo, eufórico, que $30 mangos por una encerada "era un regalo". Todavía no se lo comuniqué, pero ese ser ya no es mi amigo (mis amigos no se emocionan por "enceradas" y mucho menos pretenden que yo gaste un Rosas y un Belgrano en lavar el auto).
La cosa es que salí a ver si encontraba algo más accesible. Y lo encontré: rotondita de Libertador, frente al Zoológico, monumento grandote. Dos pibes limpiavidrios. Paré en el semáforo, me limpiaron los vidrios, les dejé 75 centavos, y me lo agradecieron. Di la vuelta, paré de nuevo, bajé la ventanilla, ya había onda: muchachos, el techo... ¿pueden? Sí, maestro. Ahí les tiré un pesito. Me lo agradecieron. Semáforo verde y me tocan bocina. Arranco y vuelvo: muchachos, las ventanillas... ¿pueden? Y dale detergente made in La Salada a mis ventanillas por otros 50 centavos (una de 0.25 para cada uno). Verde y otra vuelta. Volví. Muchachos... ¿el capot? No da el tiempo del semáforo, maestro... Y yo ahí jugué una carta fuerte: chiflale al malabarista ese con rastas, decile que si da una manito hay 2 mangos más. Y el flaco dejó de escupir fuego un ratito y se sumó, y me lavaron el capot. Me lo lavaron bastante bien. La joda me salió $4.25, pero el auto está con mejor aspecto, y ya tengo dos limpiavidrios de confianza a pasitos de Plaza Italia. Se los recomiendo.

domingo, 21 de octubre de 2007

Poesía

Quiero compartir con ustedes una canción que me conmueve. A mi fiesta de 17 entré con este tema, y me sigue emocionando. La escribió Franco de Vita, y ojalá la vida me depare un amigo con una pluma similar a la suya. Ahora releo la letra y me doy cuenta que no espero de la vida ni fama, ni dinero ni monumentos: me conformo con una canción así.











MI AMIGO SEBASTIAN

Lucho toda una vida,
un hombre de clase media
y de lejos se puede notar,
el aire de buena gente
nunca tuvo mucho tiempo
para cultivar su ingenio
pero es mas listo de lo que se ve,
se le nota en la mirada
ay!, cansada, cansada
cada vez va mas lento,
apoyando el bastón del lado izquierdo
y te habla y te cuenta
de que tiempo aquellos
llenos de polvo y soledad
mi amigo Sebastián.
Caso desde muy joven
enviudo hace mucho tiempo
un solo hijo que jamás volvió
tal vez se lo trago la tierra
y nunca tuvo mucha suerte
si es que se habla de dinero
sin darse cuenta solo se quedo,
y casi con un siglo entero
y espera, y espera
a que cada quincena,
el estado le pase una miseria
que suerte, que suerte
tal vez se pague una cena
y para mañana Dios dirá.

Mi amigo Sebastián, mi amigo Sebastián.
Y van unos días
que ya no lo veo pasar
que raro!, tal vez se fue a otro lugar
que raro!, sin despedirse y sin decirme nada
tal vez no le dio tiempo de avisar
ojalá que encuentre paz.
Mi amigo Sebastián.

viernes, 19 de octubre de 2007

Hondo pesar

Durante años llegué al tenedor libre chino de Santa Fe y Arévalo como quien vuelve a su lugar en el mundo. Almuerzos y cenas a $4.80 -más la bebida- en un ámbito perfecto: austero en la puesta, abundante en los platos, temible en los baños, barato en los precios... y el placer de no sentirse obligado a dejar propina... total el mozo se limitaba a entregar la bebida y la cuenta.
Eran pocos los cómplices de aquellas faenas alimenticias; son demasiados los que dudan del origen de la carne, los que desconfían de las botellas de agua que vienen abiertas desde la cocina, los que se espantaban al ver la cocina roñosa camino a los sanitarios. Quizás porque éramos pocos los incondicionales llegamos a sentirlo nuestro: el chaw fan medio pelado, la frita chorreando aceite, el buñuelo de manzana y azucar mezclado entre lo salado (nunca entendí si eso era un error del chef o una diferencia cultural), la ensalada de frutas casi sin frutas (bol gigante de plástico, con mandarina y algo parecido al kiwi flotando en jugo de sobre... casi un monumento pop). En serio que fueron años, más de 10 seguro, y los pronósticos más apocalípticos fracasaron: no morí intoxicado, no tengo manchas en la piel, no me atraganté nunca, no me arrepiento de nada, fui feliz en el tenedor libre. Fui feliz. Y ese tiempo quedó atrás.
Hace tres días un volantero -al que poco le importa si del otro lado del buzón dejará un corazón roto- me dejó el folleto nuevo "del chino de Arévalo", como lo llamábamos los íntimos. Resulta que ahora se llama "Casita China" y es a la carta y tiene para llevar. Y que con $4.80 apenas le sacas una pasta de langostino y una cucharada de salsa de soja. El que fue mi lugar en el mundo hoy tiene platos por arriba de los 10 pesos, ignorando cruelmente a sus parroquianos de siempre. Eramos muchos los dispuestos a resistir una clausura de Salubridad con tal de seguir yendo, capaces de tomarnos ese helado genérico que ponían con tal de que no tiren mercadería y nos pagan así: Chop suey mixto $11; Pollo frito $12; Carne con hongos $16... me indigno repasando sus nuevos precios, sus nombres altaneros, sus "menus ejecutivos", hasta le pusieron color al folleto, antes era apenas una fotocopia, artesanal y rústica como el ambiente del salón. "Casita China", paradoja del destino, tiene un plato que se llama "Felicidad para todos", y vale 20 irritantes pesos. Felicidad para todos, menos para mí, que no entraré más. Es como dijo Sabina, "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". Y más si te sacuden y traicionan a esos chicos hambrientos, con poco efectivo y escasas exigencias sanitarias que fuimos. Al chino de Arévalo, carajo, no vuelvo más... me siento Federico Luppi en alguna película de Aristarain extrañando tanto.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Meditación sobre la llamada "ciber protesta"

Como tengo banda ancha y me sale lo mismo navegar 5 minutos que 24 horas sin parar, tiendo a lo segundo. Y como ahora tengo un blog, abrí google, puse la palabra "blog" y me salió una nota de La Nación del último domingo. La nota hace un repaso de blogs de consumidores de distintos productos y servicios que patalean por razones varias. Lo que más me llamó la atención (además de que mi blog fuera olímpicamente ignorado) es que rescatan un tal "viajecomoelorto.blogspot.com". El nombre es prometedeor, pero no puedo creer que la motivación de su autora sea "el deseo de viajar bien y segura" en el subte, como refiere el periódico. Parece que el blog recibe 1000 (¡¡¡mil!!!) visitas por día (imagino que de gente que cuando sale de la lata de sardinas Metrovías tampoco tiene mucho que hacer). Me parece exagerado. Ella quiere "viajar bien y segura" y yo quiero un mundo sin ejércitos, sin clases sociales, sin Cristian Castro, sin mostaza ni parquímetros y no me abrí el blog "vivocomoelorto.blogspot.com"... en fin, tomen el bondi y déjense de lloriquear debajo de la superficie virtual. Eso sí, el pase de subte está $0.70 y el mínimo de colectivo $0.75...
Creo que voy a meter la visita mil-uno, yo quiero viajar barato.

domingo, 14 de octubre de 2007

Foto
















Yo mantengo a la mujer hinchada, a la dueña de la manito esa y a la que se esconde adentro de la panza también.

Crítica

Un asiduo lector de este espacio me interpeló con el siguiente mensaje: "lo tuyo es un culto al miserable que llevas adentro". Nobleza obliga: le reconozco que soy un miserable, pero en recuperación. Y si la crítica demoledora y el dedo acusador sirven para que cuente mi experiencia, bienvenida la crítica y el dedo acusador: creo que narrando nuestros excesos podemos ayudar a las generaciones que vienen. En los años difíciles llegué a rebajar la leche con agua para que dure más; llegué a hacer pis sentado para no prender la luz del baño; llegué a lavar el auto con una esponjita debajo de la lluvia para no ir al lavadero; llegué a caminar hasta 12 cuadras para sacar el boleto de $0.75 bajo lluvias aún peores; me hice cortar el pelo por alumnos de primer año de una academia para no pagarles... Es más: una vez pinte todo mi cuarto de un lila horroroso solamente porque se me cayó un tacho de pintura al piso y me dio pena que se eche a perder... En mi casamiento el número central fue un artista callejero que cobró "a voluntad" y como yo no tenía voluntad alguna le terminaron pagando mis amigos...
Podría contar muchas otras cosas, que casi me echan de un trabajo porque en lugar de los 45 minutos de almuerzo que daban me tomé una hora y media. Me preguntaron porqué y les dije la posta: había un camioncito regalando empanadas, eran como dos cuadras de fila y la hice dos veces porque te daban una de queso y una de carne a cuchillo por cada pasada. Y eran chiquitas, pero gratis, y volví por más y casi me quedo sin laburo. Pero ese mediodía no solo ligué el almuerzo: les saqué tantas servilletas del camioncito que no compré carilina por un año...

viernes, 12 de octubre de 2007

Merienda

Hace un tiempo, mientras iba a la Universidad, merendaba casi siempre un sanguche de salame y queso en un bar de Parque Centenario. Bueno, no era un bar, era el buffet de un hospital oncológico que quedaba a tres cuadras. Reconozco que no era lindo merendar en ese contexto, pero el sanguche de salame y queso estaba más barato que en el bar de la Facultad. Todo bien con la agrupación progresista que lo gestionaba ("auto-gestionaba"), pero yo prefería aportar (un peso menos) a la cooperadora del hospital oncológico. Fueron 2 años y medio, cada tarde el mismo menú. Cafe con leche y sanguche por $3.50. En aquella época me pagaban con tickets restaurante en el trabajo, pero el más chico era de 4$. Así que me hacía anotar cada día un saldo a favor de 50 centavos, y cada 7 días hábiles me llevaba el menú sin poner una moneda (7 x 0.50 = 3.50). Aún recuerdo la sensación de llevar la bandeja sin pagar. Nunca el sanguche me parecía tan rico. Nunca el hospital oncológico me parecía tan lindo.

domingo, 7 de octubre de 2007

Accidente doméstico

Hay una expresión que siempre me resultó llamativa en los medios de comunicación. Puede sintetizarse en el típico titular necrolólgico "Murió en su ley". Pappo arrollado en la ruta sería el paradigma. Lo mío es mucho más pequeño, carece de épica y bueno, además no me morí. Pero lo asocio a la expresión señalada.
Una de las prácticas que hace años aplico es la del lavado de calzoncillos y medias durante mi ducha diaria. Lo hago para aprovechar el mismo jabón que uso para el cuerpo, para no malgastar agua (en casa no tengo medidor, pero prefiero estar preparado culturalmente para ese día) y porque experimento algo parecido al orgullo cuando a fin de mes hay un sobrante de jabón en polvo gracias a mi conducta pulcra y sacrificada bajo la lluvia. Fue debajo de la ducha donde el destino me jugó una mala pasada: terminé de lavar el slip de segunda marca (adquirido junto a otros tres en una especie de tubo de pelotas de tenis en un hipermercado) cuando me dispuse a escurrirle el agua para después colgarlo en la canilla de siempre. Puse el slip en un puño y lo cerré con mucha fuerza para que el agua caiga en cantidad y después seque en menos tiempo. Fue tan vehemente y torpe el movimiento que creo que me lesioné algún hueso de la mano. Hace dos días que me duele mucho y hasta se me hinchó un poco. Más de uno me dirá que voy a gastar en calmantes más de lo que me ahorro en jabón en polvo. Error. Los calmantes me los consigue un visitador médico conocido y la cuenta me sigue dando bien, esa es mi ley. Pero me duele.

sábado, 6 de octubre de 2007

Indignación

Desde que tengo memoria, o al menos desde que llevo a mi hija a la calesita, el trato era así: yo pagaba 2 pesos y el calesitero me daba 3 boletos. Y la cosa no terminaba ahí: sacar 3 boletos juntos hacía que el calesitero tenga un gesto y entregue mansita la sortija para que la nena pueda dar otra vuelta. Conclusión: 4 vueltas por 2 pesos. Fueron años y años cultivando esa sana tradición. Pero ese tiempo se terminó. Llegamos a la ventanilla y resulta que ahora la vuelta tiene un precio unitario de 1 peso; y dos vueltas valen 2 pesos y tres vueltas 3 pesos y no hay nada que hacer. Ok. Yo sigo poniendo mis 2 pesos, ahora a cambio de dos míseras vueltas. Y eso no es todo: de la sortija ni noticias. El tipo la agitaba como si estuviera con un ataque de epilepsia, creo que ni Goyco en el 90 podría haberla atrapado. A cada vuelta no sólo crecía la frustración de mi hija por la sortija imposible; yo veía cómo se hacía imposible amortizar la inversión. Cuando la música de Xuxa terminó (nunca algo del 89 me pareció tan viejo), ella bajó llorando y yo masticaba frustración. La alcé. Pataleó. Nos fuimos. Quisiera decir que por esta indignación no voy a ir más, pero mentiría. En casa no mando yo.

jueves, 4 de octubre de 2007

Este sábado voy a ver al Tucu

Desde que descubrí lo barato que es tener banda ancha, me doy algunos gustos. Por ejemplo, este sábado 6 voy a desembolsar 10 pesitos para ver al "Tucu y los parroquianos". Es una banda muy divertida y que, a diferencia de quien escribe, no ahorra en nada: son como 10 arriba del escenario y tocan casi 70 canciones en una hora y media. A mí me gustan mucho, no sé si valen los 10 pesos (más el vaso de agua que seguro me lo van a cobrar) que voy a pagar, pero allí estaré.
En síntesis: El Tucu y los parroquianos. Sábado, 22 horas, El Condado, Niceto Vega 5542.
Es la última vez que no cobro una mención; quizás porque lo escribo mientras me amenazan con pegarme.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Tengo una virtud

Ayer fui al supermercado. No voy a caer en la obviedad de denunciar el precio del kilo de tomate. No voy a caer en la del argentino medio, eso de esperar a que Clarín y TN se escandalicen para empezar a patalear... el kilo de tomates está 12 pesos, y al que no le guste que no lo compre... y si el kilo de tomates está más barato que el de asado, mejor: hagamos más asados y menos ensaladitas pedorras de dieta primaveral... pero ese no es el tema de esta entrada. Quiero hacer pública por primera vez una de mis principales virtudes: soy capaz de calcular en todo un changuito cuánto me va a costar la compra. Tiro los productos en el chango y sin ayuda de calculadoras, ni dedos, ni nada sé casi con exactitud cuánto deberé abonar en la caja. Mis parámetros son los siguientes: en un changuito de hipermercado completo al tope, le pego con una diferencia de +/- 3 pesos; en un canasto de super chino, +/- 30 centavos. Desde chiquito desarrollé esta aptitud, y me encanta. Anoche lo comprobé una vez más. Compré una bolsita de nachos, una de rueditas gusto pizza, una bolsa de barquillos, una bandejita con culos de fiambre (básicamente grasa de distintos cortes), un agua saborizada de segunda marca, una caja de fósforos de segunda marca, una gaseosa de segunda marca para que mi papá se la tome con su fernet de tercera marca y un paraguitas de chocolate para mi hija. Mire el canasto y saqué 25 pesos sin que la cajera me diga nada. ¿Cuanto dio la cuenta? $24.72... le pegué una vez más!!! Me llevé la moneda de 25 centavos de vuelto y dejé los 3 centavos para la cajera, de tan feliz que estaba.

lunes, 1 de octubre de 2007

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Estos son los adornos que hace mi mujer. Cualquier consulta, www.paulincocina.com.ar
También hace tortas, muy ricas. De cada venta que salga por el blog, me va a quedar una comisión del 5%, y la sensación de estar aportando aún más a la economía familiar. Los esperamos.