viernes, 19 de octubre de 2007

Hondo pesar

Durante años llegué al tenedor libre chino de Santa Fe y Arévalo como quien vuelve a su lugar en el mundo. Almuerzos y cenas a $4.80 -más la bebida- en un ámbito perfecto: austero en la puesta, abundante en los platos, temible en los baños, barato en los precios... y el placer de no sentirse obligado a dejar propina... total el mozo se limitaba a entregar la bebida y la cuenta.
Eran pocos los cómplices de aquellas faenas alimenticias; son demasiados los que dudan del origen de la carne, los que desconfían de las botellas de agua que vienen abiertas desde la cocina, los que se espantaban al ver la cocina roñosa camino a los sanitarios. Quizás porque éramos pocos los incondicionales llegamos a sentirlo nuestro: el chaw fan medio pelado, la frita chorreando aceite, el buñuelo de manzana y azucar mezclado entre lo salado (nunca entendí si eso era un error del chef o una diferencia cultural), la ensalada de frutas casi sin frutas (bol gigante de plástico, con mandarina y algo parecido al kiwi flotando en jugo de sobre... casi un monumento pop). En serio que fueron años, más de 10 seguro, y los pronósticos más apocalípticos fracasaron: no morí intoxicado, no tengo manchas en la piel, no me atraganté nunca, no me arrepiento de nada, fui feliz en el tenedor libre. Fui feliz. Y ese tiempo quedó atrás.
Hace tres días un volantero -al que poco le importa si del otro lado del buzón dejará un corazón roto- me dejó el folleto nuevo "del chino de Arévalo", como lo llamábamos los íntimos. Resulta que ahora se llama "Casita China" y es a la carta y tiene para llevar. Y que con $4.80 apenas le sacas una pasta de langostino y una cucharada de salsa de soja. El que fue mi lugar en el mundo hoy tiene platos por arriba de los 10 pesos, ignorando cruelmente a sus parroquianos de siempre. Eramos muchos los dispuestos a resistir una clausura de Salubridad con tal de seguir yendo, capaces de tomarnos ese helado genérico que ponían con tal de que no tiren mercadería y nos pagan así: Chop suey mixto $11; Pollo frito $12; Carne con hongos $16... me indigno repasando sus nuevos precios, sus nombres altaneros, sus "menus ejecutivos", hasta le pusieron color al folleto, antes era apenas una fotocopia, artesanal y rústica como el ambiente del salón. "Casita China", paradoja del destino, tiene un plato que se llama "Felicidad para todos", y vale 20 irritantes pesos. Felicidad para todos, menos para mí, que no entraré más. Es como dijo Sabina, "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". Y más si te sacuden y traicionan a esos chicos hambrientos, con poco efectivo y escasas exigencias sanitarias que fuimos. Al chino de Arévalo, carajo, no vuelvo más... me siento Federico Luppi en alguna película de Aristarain extrañando tanto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sebastián, tengo que decirtelo y no aguanto hasta mañana a las 13 para encontrarme con tu cara de fracaso diario mientras dialogo con mi actual pareja para hacerlo: no pude llegar a leer en voz alta el final de esta desopilante narración porque las lágrimas no me permitían reconocer las palabras en el monitor. Demoledor. Como diría Catalina en alguna de sus agudas reseñas cinematográficas, "entretiene y emociona".
Mi hermano también lo disfrutó mucho. Logramos de alguna manera identificarnos con vos (si es que eso es posible).