sábado, 6 de octubre de 2007
Indignación
Desde que tengo memoria, o al menos desde que llevo a mi hija a la calesita, el trato era así: yo pagaba 2 pesos y el calesitero me daba 3 boletos. Y la cosa no terminaba ahí: sacar 3 boletos juntos hacía que el calesitero tenga un gesto y entregue mansita la sortija para que la nena pueda dar otra vuelta. Conclusión: 4 vueltas por 2 pesos. Fueron años y años cultivando esa sana tradición. Pero ese tiempo se terminó. Llegamos a la ventanilla y resulta que ahora la vuelta tiene un precio unitario de 1 peso; y dos vueltas valen 2 pesos y tres vueltas 3 pesos y no hay nada que hacer. Ok. Yo sigo poniendo mis 2 pesos, ahora a cambio de dos míseras vueltas. Y eso no es todo: de la sortija ni noticias. El tipo la agitaba como si estuviera con un ataque de epilepsia, creo que ni Goyco en el 90 podría haberla atrapado. A cada vuelta no sólo crecía la frustración de mi hija por la sortija imposible; yo veía cómo se hacía imposible amortizar la inversión. Cuando la música de Xuxa terminó (nunca algo del 89 me pareció tan viejo), ella bajó llorando y yo masticaba frustración. La alcé. Pataleó. Nos fuimos. Quisiera decir que por esta indignación no voy a ir más, pero mentiría. En casa no mando yo.
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