viernes, 12 de octubre de 2007

Merienda

Hace un tiempo, mientras iba a la Universidad, merendaba casi siempre un sanguche de salame y queso en un bar de Parque Centenario. Bueno, no era un bar, era el buffet de un hospital oncológico que quedaba a tres cuadras. Reconozco que no era lindo merendar en ese contexto, pero el sanguche de salame y queso estaba más barato que en el bar de la Facultad. Todo bien con la agrupación progresista que lo gestionaba ("auto-gestionaba"), pero yo prefería aportar (un peso menos) a la cooperadora del hospital oncológico. Fueron 2 años y medio, cada tarde el mismo menú. Cafe con leche y sanguche por $3.50. En aquella época me pagaban con tickets restaurante en el trabajo, pero el más chico era de 4$. Así que me hacía anotar cada día un saldo a favor de 50 centavos, y cada 7 días hábiles me llevaba el menú sin poner una moneda (7 x 0.50 = 3.50). Aún recuerdo la sensación de llevar la bandeja sin pagar. Nunca el sanguche me parecía tan rico. Nunca el hospital oncológico me parecía tan lindo.

1 comentario:

Nicolas Segovia dijo...

.... entiendo lo que decis Seba , no hay nada como el placer de obtener algo por lo que no pagaste, pareciera que los sentidos se potencian y todo es mas rico mas grande y mas lindo, una vez compre dos pares de medias al precio de uno y puedo decirte que esas medias son las que mejor me calzaron en toda mi vida.