Un asiduo lector de este espacio me interpeló con el siguiente mensaje: "lo tuyo es un culto al miserable que llevas adentro". Nobleza obliga: le reconozco que soy un miserable, pero en recuperación. Y si la crítica demoledora y el dedo acusador sirven para que cuente mi experiencia, bienvenida la crítica y el dedo acusador: creo que narrando nuestros excesos podemos ayudar a las generaciones que vienen. En los años difíciles llegué a rebajar la leche con agua para que dure más; llegué a hacer pis sentado para no prender la luz del baño; llegué a lavar el auto con una esponjita debajo de la lluvia para no ir al lavadero; llegué a caminar hasta 12 cuadras para sacar el boleto de $0.75 bajo lluvias aún peores; me hice cortar el pelo por alumnos de primer año de una academia para no pagarles... Es más: una vez pinte todo mi cuarto de un lila horroroso solamente porque se me cayó un tacho de pintura al piso y me dio pena que se eche a perder... En mi casamiento el número central fue un artista callejero que cobró "a voluntad" y como yo no tenía voluntad alguna le terminaron pagando mis amigos...
Podría contar muchas otras cosas, que casi me echan de un trabajo porque en lugar de los 45 minutos de almuerzo que daban me tomé una hora y media. Me preguntaron porqué y les dije la posta: había un camioncito regalando empanadas, eran como dos cuadras de fila y la hice dos veces porque te daban una de queso y una de carne a cuchillo por cada pasada. Y eran chiquitas, pero gratis, y volví por más y casi me quedo sin laburo. Pero ese mediodía no solo ligué el almuerzo: les saqué tantas servilletas del camioncito que no compré carilina por un año...
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1 comentario:
Soberbio Seba, te superas con cada reflexión...lástima que solo leamos tamañas genialidades el muchacho de la crítica demoledora y yo. Creo que el mundo ya está preparado entrar en contacto con tu sabiduría. Meditalo mientras buscas monedas debajo del sillón, o en su defecto en la pequeña alcancía de tu hija.
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